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ACV

Los factores de riesgo

Enfermedades cerebralesLas enfermedades de las arterias del cerebro se desarrollan a lo largo de meses y de años de forma silenciosa. Cuando deciden manifestarse, lo hacen de forma repentina, sin avisar y entonces ya es demasiado tarde para prevenirlas. Pero es importante tener en cuenta que la mayoría de las personas que sufren un ataque cerebral, tienen una condición predisponente que desconocen al producirse el accidente y ahí es donde puede jugar un papel primordial la prevención, en el conocimiento y tratamiento adecuado de los factores de riesgo.

Si bien existen factores como la predisposición genética o la edad avanzada que no pueden ser modificados, hay factores que aumentan el riesgo del ataque cerebral que se pueden controlar. El más importante, o más frecuente, es la hipertensión arterial (responsable directo de alrededor de la mitad de los accidentes cerebrovasculares) pero el hábito de fumar, el consumo exagerado de alcohol, la diabetes y el elevado colesterol favorecen también las enfermedades de las arterias cerebrales.

La mejor prevención es, sin duda, llevar un hábito de vida saludable, evitando la obesidad, practicando ejercicio físico moderado, reduciendo o eliminando el consumo de cigarrillos y alcohol, con una alimentación rica en vegetales, verduras y frutas y pobre en grasas y sal y, en caso necesario, con medicamentos y revisiones médicas periódicas.

El reconocimiento de los indicadores del ACV

Se ha demostrado que la mayor parte del daño se produce en las horas que siguen al ataque cerebral, lo que significa que el pronóstico de la enfermedad va a depender de manera importante del tiempo transcurrido entre el momento en el que se produce el ACV y el momento en el que el afectado recibe el tratamiento de urgencia. Para conseguir que pase el menor tiempo posible, el paciente tiene que ser capaz de reconocer los síntomas indicadores del ataque cerebral y acudir a urgencias rápidamente.

Los síntomas que pueden indicar ACV son:

  • Dolor de cabeza intenso
  • Mareo, vértigo o pérdida de equilibrio
  • Nauseas, vómitos
  • Dificultad para hablar o comprender el lenguaje
  • Dificultad para tragar
  • Ceguera de un ojo o visión doble
  • Debilidad o adormecimiento de la cara, brazo o pierna de un lado del cuerpo
  • Problemas para caminar
  • Aparición de trastornos de la personalidad como irritabilidad, indiferencia, etc., alteraciones del juicio

Una característica importante a destacar en el ACV es que estos síntomas aparecen de forma repentina. Si aparecen de manera transitoria y el paciente logra una recuperación completa, puede tratarse de un ataque isquémico transitorio, que en muchas ocasiones significa el “aviso” de un ataque más severo. Será conveniente, entonces, acudir al médico antes de que sea demasiado tarde.

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